Mi cara y yo

Esta entrada no va con imágenes, pero porque creo que no hace falta para nada. Sólo es una reflexión que llevo haciéndome unos días y que ya estaba dispuesta a compartir.

Veréis, yo siempre he sido una persona acomplejada por su físico. Nunca me he considerado especialmente guapa, me he visto más grande que otras amigas, y estoy gorda desde que tengo uso de razón. A veces más, a veces menos. Después de una adolescencia terrible en la que no conseguía encontrar ropa de mi edad por ninguna parte, me acostumbré a mi propio cuerpo, y aunque no lo amaba, no me impedía hacerme fotos ni me creaba complejos.

Sin embargo, hace ya más de un año me sobrevino un cambio emocional muy fuerte y brotaron una gran cantidad de sentimientos negativos hacia mi persona que hace tiempo que me atosigan, y que a veces han alcanzado puntos críticos en los que me he visto huyendo de las fotos, no queriendo salir a la calle para que nadie me viese y cosas semejantes.

Muy fuerte.

Cierto que nunca me he querido, pero eso alcanzó unas cotas tan bestias que nunca antes había rozado, siquiera. Tampoco ayudaba que de pronto todas las chicas me pareciesen delgadas y preciosas, y yo me iba sumiendo en una espiral horrible de la que no podía salir. He intentado cambiar mi cuerpo, mi rutina y mi dieta, pero como hablaba con una querida amiga hace poco, en realidad no lo intento lo suficiente. ¿Por qué? No  lo sé. Quizás porque no me quiero lo suficiente, tampoco, y es algo en lo que estoy trabajando.

Una noche, sin embargo, regresábamos a casa de una fiesta con mis amigues, y mientras mi pareja aparcaba el coche en el garaje, decidí echarme un selfie porque llevaba puesta mi bandana de Naruto y quería ver cómo me quedaba. Además, hacía unos días me habían hecho unas fotos que no me habían desagradado y decidí darme una oportunidad. La miré con mi negativo ojo crítico, le puse un filtro que ni mejoraba mi expresión ni me quitaba las ojeras, y estuve a punto de borrarla… Pero no lo hice. La publiqué en Instagram, en Facebook y en Twitter, porque de pronto me sobrecogió una rabia contra mí misma que me dejó paralizada.  ¿Por qué tengo que no sacarme fotos? ¿Por qué tengo que odiar mi cara, mi cuerpo y a mí misma? Así que decidí hacer algo al respecto, y empecé a hacerme selfies y a publicarlos en Internet. De momento llevo solo tres, pero espero llegar a más.

¿Por qué esto merece una mención en tu blog? os preguntaréis. Porque estoy harta de esconderme, de odiarme, de apalearme. Tengo mucho trabajo que hacer aún, pero decidí en ese momento, mientras miraba mi imagen reflejada en la pantalla del teléfono, que ya estaba bien de no aceptar mi cara como es, ni mi cuerpo. Decidí usar las fotografías para mostrarme, para verme, y para que la gente me vea como soy, poco a poco, avanzando despacito para enseñarme. Primero la cara. Más adelante, toda yo. Quizás no os hagáis una idea de lo importante que es esto para mí, ni del paso que estoy dando, porque mucha gente se hace fotos y selfies. Pero cuando te quieres tan poco y odias verte reflejada siquiera en el espejo, hacerte una foto de tu cara y dejar que todo el mundo la vea, añadiéndole un color diferente o sombras diferentes, sin cambiar ni un solo ápice de tus arrugas, de tus ojeras, de tus granos o de tu vello facial (yo veo todo esto en mi foto, os lo prometo), para mí es como mostrarme desnuda, porque es mi mayor miedo, mi mayor debilidad.

Quiero fortalecerme, empoderarme, quererme a través de las fotos que yo misma me haga; aprender que no hay nada malo en mi cara ni en mi cuerpo, y entender que es así. Que puedo cambiarlo si quiero, pero que puedo cambiarlo SI lo quiero. Si no me amo, nunca lo haré, perdiendo o sin perder peso, porque estar gorda también es bonito y de verdad quiero creerlo para mí misma, porque no me merezco odiarme tanto.

Así que nada, ahí me tenéis.

Y si no me queréis… ¡que os den!

 

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Sólo recuerdos

Al abuelo le olían las manos a tierra roja.

Las tenía morenas y callosas porque lleva toda la vida trabajando, pero eran fuertes y saben cómo manejar el campo. Siempre llevaban un trapo, o un palo de madera, cada vez que llegábamos al campo, y se movía despacio, como si le diese pereza llegar a los sitios. Recuerdo sus pantalones azules, gastados, sus botas marrones llenas de polvo, rotas por los meñiques, su camisa de rayas y el olor cálido de la tierra que lo impregnaba todo cuando se acercaba. No daba abrazos y sus besos eran secos, pero su corazón latía fuerte y su risa escondía cariño.

Lo recuerdo siempre bajo el limonero.

Sentado en su silla azul de playa, desvencijada, metía tomates recién despellejados en tarros de cristal para conservarlos. Usaba el mortero para aplastarlos e introducir más, haciendo ese ruido que suena como cuando pisas barro mojado una tarde de lluvia. Nos sentábamos en el parterre de las rosas a mirarle, mientras mi madre intercambiaba palabras con él. Aunque era viejo, su cuerpo siempre me pareció duro y tieso, como todo él, como carne sin grasa. Era un hombre que se había curtido entre arados, tardes al sol y sudor salado, y no podía hacer otra cosa salvo mantenerme distante mientras le observaba. No era cariñoso, pero siempre tenía una muestra de cariño, aunque fuese ínfima, para mi hermano y para mí.

También dormía bajo el limonero.

Cuando mi madre se sentaba para hablar con mi abuela mientras ella fregaba los platos de la comida en la pequeña casita que había en el campo, el abuelo cogía su silla, de nuevo, y la llevaba bajo el limonero. Ponía los pies por alto sobre una vieja caja de plástico, vacía en esos momentos, o en un cubo, se echaba el gorro sobre los ojos y dormía la siesta allí, al abrigo de la sombra, de los pájaros piando y de los insectos zumbando, con la barriga llena de vino, de caballas y de tomates en picadillo.

Dormía hasta la hora del café, casi como un reloj, y regresaba con la silla bajo el brazo mientras mi hermano y yo jugábamos, o lo intentábamos, en el porche de la casa, porque mi madre no nos dejaba ir más allá. Aparecía largo, nervudo como la rama de un olivo o de una higuera, y le seguíamos al cuartito donde guardaba sus herramientas y las cajas con las patatas.

Aquello también olía a tierra.

Merendábamos los dulces que había traído la abuela, siempre pequeña, siempre menuda. Ella no olía a tierra, sino a limpio, a madre sin hijos que cuidar, y a suavizante. Tenía la voz aguda y reía mucho cuando tomaba zumo de manzana, decíamos mi hermano y yo, y nos reíamos con ella. Tenía las manos pequeñas y arrugadas, blancas, no como el abuelo, y siempre estaban limpias. Sus besos eran húmedos, sonoros, y siempre nos traía algo que comer.

Ella no dormía nunca, no, después de comer, sino que se quedaba trabajando en la cocina, y luego en el jardín. A veces también la encontrábamos bajo el limonero, haciendo otras cosas mientras el abuelo guardaba los tomates. Podaba las flores junto al rosal, como el jazmín, y hablaba con mi madre de esas cosas que interesan a las adultas que pierden interés para la gente pequeña, como mi hermano y yo.

Casi no la recuerdo fuera de la casa, o haciendo otras cosas; casi no pasábamos tiempo con ella, no, porque cualquier cosa que hubiese fuera era más interesante que lo que pudiésemos encontrar dentro. Pero recuerdo su pelo castaño, sus vestidos, sus delantales, y sobre todo, sus carcajadas cuando alguien decía algo gracioso. Al contrario que el abuelo, resultaba blanda, e incitaba a los abrazos. Nunca se olvidaba de mi hermano y de mí, y siempre nos traía algo, aunque fuese un detalle tonto como unos yogures o un dulce. Como con todo, la asocio a la comida. Recuerdo, sobre todo, los picadillos. Y las patatas fritas. Sus filetes sabían diferentes, y hacía los mejores flamenquines del mundo. También me viene el olor de las sábanas del único dormitorio de la casa, donde a veces nos echábamos la siesta, y donde siempre dejábamos la ropa antes de cambiarnos e irnos a jugar, o a dar largos paseos por los lindes del campo. Olían, como todo, a la ropa de la abuela.

Y recuerdo sus manos. Siempre veo sus arrugas y las venas marcadas bajo sus pequeñas manos. A la abuela le olían a casa, a hogar, y aunque arrugadas y gastadas por el trabajo, eran suaves cuando querían acariciar.

Ahora, sin embargo, ya no queda campo. Ya no quedan tierra roja, ni dulces ni sábanas blandas. Ya no queda jazmín. El abuelo no se tumba bajo el limonero. La abuela no se ríe mientras lava. Todo se va como polvo levantado por el viento. Todo queda en otros días cuando te raspabas las rodillas y veías trepar a tu padre por el melocotonero para coger las más dulces, que estaban arriba, o vareabas el almendro y corrías a recoger las semillas del suelo. Y ya sólo quedan imágenes, intensas, firmes, prendidas sobre azul y contra el sol del verano cálido y ardiente.

Ya no quedan días. Sólo recuerdos.

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Daenerys y mis dilemas personales

Debería estar trabajando.

Y como debería estar trabajando, aquí me tenéis, haciendo esto. Porque todo el mundo sabe que lo mejor que se puede hacer cuando deberías estar trabajando y no consigues centrarte es soltar alguna chorrada inmensa para que tu cerebro diga EA, YA ESTÁ, LO HE HECHO, y pueda continuar con otras cosas más importantes con tu vida.

Ha pasado más de un mes desde la última vez que actualicé algo, y esta entrada tampoco creo que sea demasiado larga, aunque tengo las ideas flotándome en la cabeza desde hace tiempo. Y es la que todo el mundo estabais esperando (?) Mi explicación de por qué tengo sentimientos encontrados con el personaje de Daenerys Targaryen, de la serie de de la HBO Game of Thrones y de la saga de libros de George R. R. Martin, A song of ice and fire.

En general tengo intención de hablar de la Daenerys de los libros porque 1) me los estoy releyendo y 2) no estoy siguiendo la serie ahora mismo, aunque me llegan tantos spoilers por todos lados que me será inevitable hacer alguna referencia -de esas que me tocan la moral hasta lo más profundo- a lo que está pasando en la cosa esta de la HBO que intentan convencernos que tienen que ver con la saga de libros pero que en el fondo se quedan como a medio camino entre ‘lo estáis consiguiendo mejor que otras productoras’ y ‘eso no os lo creéis ni vosotros’ -partamos de la base de que me considero una persona realmente exigente con estas cosas de adaptaciones de libros/cómics y tal, aunque considero que últimamente soy más flexible, me quieran creer mis personas cercanas o no-. Entonces, aviso de que habrá spoilers para quienes no sigan la serie, y spoilers para los que sigan la serie pero tengan intención de leer los libros.

Vayamos entonces a lo gordo.

¿Es que acaso tengo un problema con Daenerys Targaryen?

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Es que miradla. Calva y todo es belleza y amor ❤

DAENERYS Y MIS DILEMAS PERSONALES.

Empecé a leerme A song of ice and fire (desde ahora ASOIF, para abreviar) precisamente poco después de que saliese al público la serie de Game of Thrones (desde ahora GOT, para abreviar) y poco antes de que empezase a verla. Como digo, siempre he sido muy exigente con el tema de las adaptaciones, porque soy de esas rare avis que quiere encontrar más menos lo mismo que en los libros en la pantalla, cosa que al parecer, es pedir demasiado en esta sociedad y esta vida sin que te llamen exagerada de la muerte. Claro que como también estoy acostumbrada a ser tildada de exagerada, entonces no me preocupa demasiado.

Sin embargo, el primer capítulo me dejó realmente satisfecha; no sólo porque Sean Bean -hola, qué tal mi amor, cásate conmigo- hace de Ned Stark -¿en serio, por qué seguimos sin estar casados?- que es como mi gran amor trágico de estos libros.

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Miradlo y decidme que no os enamora, por favor. 

Me pareció que en esencia guardaban la personalidad de los personajes -salvo Catelyn, a la que le entra una mariditis que flipas en la serie-, mantenían los escenarios como me había imaginado, más o menos, mantenían diálogos y situaciones muy fieles y el reparto me gustaba a niveles generales – LENA HEADY Y SEAN BEAN EN UNA MISMA SERIE, MATADME QUE SOY FELIZ; aunque NUNCA me ha gustado Kit Harrington como Jon Snow; podéis matarme, insisto-. Es verdad que se pierde gran parte de la magia de los libros porque no se puede hacer una verdadera introspección de los personajes, pero en general le di mis dieces y me emocionó.

Salvo por un detalle MU gordo.

Y es, como cabía a esperar, la historia de Daenerys.

Mirad, en los libros amé a Danny desde el minuto uno como amé a Jon. Es que fue instantáneo. Evidentemente mi first crush fue Ned Stark porque NED y punto, pero Jon y Dany me cautivaron muchísimo. Quizás porque empiezan siendo segundones maltratados con un gran corazón, muchas bondades y aspiraciones sencillas de gente que no quiere estar donde está porque buscan otras cosas. Además, gente tan joven sufriendo tanto saca mi lado de madre, y eso me hizo adoptarlos como ma babies desde el momento en que les leí por primera vez -pero curiosamente nunca han sido una ship que me interese demasiado; sé que acabarán juntos, o al menos que tendrán un rollito wapetón, pero tampoco me mueven la vida-.

Al contrario que con Kit Harrington, Emilia Clarke también me conquistó rápido, con esas miradas de niña perdida que sólo quiere volver a casa, y fue otro gran PA MÍ.

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Es que miradla que cosita, por favor. AMADLA COMO YO LA AMO.

Pero entonces llega el capítulo uno con la boda de Danny y Drogo, y hay sangre, y sexo, y Jorah Mormont interpretado por Iain Glen -por lo que vuelvo a sufrir convulsiones del gusto-, y no sé, Momoa, que es como una enorme masa de músculos que no sabes que existen hasta que los encuentras en su cuerpo, y yo digo “OK, guay. HUEVOS DE DRAGÓN. Viserys, muérete pronto.” Y el momento del regalo del caballo, y yo llorando y todo es hermoso. Perdonad por la incoherencia en este párrafo pero es que lo viví así, lo primero.

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La gente ama a Khal Drogo y yo amo a Jorah Mormont. Así es mi vida.

Hasta la escena en que consuman su relación.

De verdad, que yo mataba a alguien. Lo prometo.

Al releerme el libro -y se me podrá discutir esto, de verdad- estaba deseando llegar a esa parte, porque hostias, en la serie es una violación pura y dura. Daenerys llorando mientras Drogo le quita la ropa y la monta como un perro. Toda la magia se esfumó y me dejó con cara de PERO ESTO QUE COÑO ES. Porque en el libro, aunque aún estoy decidiendo si es violación o no, porque Danny estaba acojonadísima y no quería, en un principio, Drogo tiene la decencia de, no sé, no metérsela a lo bruto sin pensar en si está llorando o no. En el libro, Drogo la sienta, le quita parte de la ropa, luego le pide que le quite las campanillas del pelo, se desviste, la trata con delicadeza y cuidado, y Danny empieza a calmarse. La besa, la toca, la mima con cuidado, y cuando va a entrar en ella LE PREGUNTA si puede seguir. Y Danny le dice que sí. LE PREGUNTA, JODER, LE PREGUNTA. Pero ok, guay, ¿por qué no? Somos HBO y PAM violación, porque así nos mola hacer las cosas.

En fin.

Dejo la ira de lado. Que el post no iba sobre esto pero es que esa mierda me mata la vida. Pero me parece increíble que intenten demostrarte que Daenerys se enamora de Drogo cuando le hace eso la noche de su boda. Que también es verdad que en el libro, las primeras semanas en las que ella está que se muere porque no soporta cabalgar y está dolorida por todas partes, a Drogo le importa un puto carajo y se la folla todas las noches, y ella grita de dolor -por eso me debato sobre violaciones y tal-. Pero yo que sé. Es que me pareció muy fuerte la primera vez y me dejó en shock y me sigue cabreando.

La cuestión.

Danny.

Como dije por ahí arriba antes de que empezase a echar espuma por la boca contra GoT y la HBO, Daenerys entró en mi corazoncito desde el momento uno, y a lo largo del libro me fue enamorando poco a poco. Se trataba de una niña dulce, asustada y sumisa que es vendida por su propio hermano para conseguir sus objetivos, que va cambiando a lo largo del libro, fortaleciéndose y alzándose contra determinadas cosas, y que termina resurgiendo de entre las cenizas de la pira incendiaria de su esposo y se vuelve totalmente badass -hasta que empieza a liarla parda y llega el quinto libro y yo me aburro como una mona-.

Como mujer me encontré con la necesidad vital de que esa niña consiguiese lo que quería. Que pisotease a todo y a todos, que se hiciese con el mayor ejército del mundo y llegase a Poniente y repartiese hostias como panes, recuperase el Trono de Hierro y se pusiese en plan ‘y ahora me coméis tol jigo, cabrones de mierda‘. Porque se lo merece, vaya. Porque no importaba una mierda a nadie hasta que dijo MOTHER FUCKER, I HAVE DRAGONS, BITCH, y eso la terminó de hacer poderosa, de afianzar sus expectativas y de aclarar sus ideas con respecto a lo que quiere hacer en la vida.

Este vídeo es como lo mejor que ha hecho nadie nunca. VEDLO.

Daenerys ha tenido una de las mejores evoluciones que he visto en el mundo, hasta que llega el quinto libro y Martin decide que de momento no se la lleva a Poniente porque es muy pronto y yo, insisto, termino echando la baba porque me duermo leyendo sus capítulos, de los cuales sólo salvo a Ser Barristan Selmy porque es el abuelo que todas amamos y querríamos tener.

Sin embargo, y aquí empiezan mis dilemas, ha habido siempre un punto que me ha matado la existencia, además de las violaciones a las que someten a esta chiquilla.

Y son los Stark.

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Cualquiera que me conoce, sabe que soy pro-Stark desde que Ned aparece con su solemne momento de ‘QUIEN APLICA LA SENTENCIA ES QUIEN DEBE BLANDIR LA ESPADA’, que fue su forma de decirme ‘CHATA, ¿QUIERES CASARTE CONMIGO POR TODA LA ETERNIDAD?’ y yo le dije ‘SOY TUYA DESDE EL PRIMER HOLA’. Ned Stark, con sus prejuicios, su cabezonería y sus demás defectos, siempre me ha parecido uno de los hombres de esta puñetera saga; es un buen amigo, es un buen padre, un buen marido y una buena persona en general. Cuando todo el mundo habla de matar a Daenerys, él siempre defiende que eso es una puta mierda, que es deshonroso y horrible, como siempre le pareció lo que le pasó a Rhaenys y a Aegon, y todo lo demás. Ned Stark es mi aspiración en la vida como persona honrosa y honrada, fuera parte de mi eterno crush con él, porque quiere hacer las cosas correctamente, y sobre todo, en el fondo, quiere que le dejen en paz. Que no olvidemos que partió a la guerra, que rompió su lealtad para con el rey legítimo porque Aerys asesinó a su padre y a su hermano, y porque a su entender, Rhaegar secuestró a su hermana. Tras eso él se queda con Winterfell, con su mujer, su hijo y Jon, y es como ‘olvidadme ya, que lo del sur a mí no me concierne’.  Queda asqueado de todo lo que ve en el sur, el escaso tiempo que está allí, y se vuelve para gobernar sobre sus tierras de esa forma artúrica que a mí me gusta y que me hace amar a los personajes que son así.

Cuando Daenerys empieza a rebelarse contra Barristan cuando este le dice que Ned era un buen hombre y que su padre estaba majara -a su modo, Barristan no diría majara porque es demasiado abuelo adorable- fue la primera vez que me dio una patada en el estómago. Pero oye, seguía ganando la inquietud de que es una mujer luchando por partir culos para regresar a su legítimo hogar y ahogar a quienes mataron a su familia y prendieron fuego a su vida, arruinándola.

Hasta aquí, una sigue con ASOIF.

Entonces llega HBO y la serie. Jon es ahora the King in the North y yo frunzo los labios porque desde hace años quiero que sea Sansa quien controle Winterfell y el norte, porque ella también lo vale todo, se está transformando en una mujer de armas tomar y como mola su gramola. Pero es Jon, aunque esté interpretado por Kit Harrington; y son los Stark y son el norte. Y yo no me tatúo un lobo huargo en el pecho porque no tengo sitio, pero creo que pilláis que yo siempre he ido, iré y moriré con los norteños y con sus narices de ser independiente porque ellos lo valen. Porque la gente del sur, como dice el Gran Jon, no tiene ni idea del norte; no sabe cómo es la vida allí; no saben de ellos y les dicen lo que tienen que hacer, que respondan a sus necesidades y que luchen por ellos. Y yo me pongo de su lado cuando dicen TURURÚ, y coronan a Robb. Aplaudí tanto que me quedé sin manos. Y ahora Jon ha sucedido a su hermanastro cofcofprimocofcof y yo aplaudo hasta quedarme sin dedos.

Total. Una vez demostrada mi escasa parcialidad, llegamos el momento en que Jon y Daenerys se conocen. Y aquí, damas y caballeros, llega mi momento de DANY, YO TE QUIERO, PERO ME ESTÁS TOCANDO LOS OVARIOS. Porque como ya he dicho, el Jonerys me da un poco igual, aunque si terminan juntos gauy, pero hete aquí que la niña viene y te suelta la parafernalia de siempre por la que yo suelo aplaudir, también. SOY LA LEGÍTIMA HEREDERA DEL TRONO DE HIERRO, Y QUIERO MIS SIETE REINOS, GUAPO. Y entonces yo me aferro a mi butaca, abro los ojos y empiezo a decir que TURURÚ. NORTE INDEPENDIENTE. JON, NO DOBLES LA RODILLA, TÍO. NO HAGAS COMO EL REY ARRODILLADO. TÚ CON DOS NARICES, QUE SERÁ TU TÍA Y TE PONDRÁ LOS HUEVOS DUROS, PERO SUÉLTALA UNA SEMANA EN EL MURO Y SE CAGA. QUE NOOOOO.

Porque adoro a Daenerys… ¡¡pero me toca TANTO las narices que Jon tenga que hincar la rodilla!! ¡¡El norte independiente, coño!! ¿¿Por qué tienen que volver a pasar por el aro?? Me diréis ‘bueno, Danny es buena gente; Danny se preocupará por ellos y de verdad les tendrá en cuenta.’ ¡¡Pues ni eso me vale!! Que no, que no y que no. Que el Norte libre y me coméis las criadillas de huargo xD Que cada vez que Daenerys decía que era la legítima heredera de Poniente quería que Jon le soltase un ‘SÍ, SÍ, PERO YO TENGO SANGRE DE LOS PRIMEROS HOMBRES, Y AQUÍ QUIENES ESTÁBAMOS PRIMEROS ÉRAMOS NOSOTROS; Y QUIENES HEMOS GUARDADO EL NORTE DURANTE MILES DE AÑOS SOMOS NOSOTROS’. Claro que luego Daenerys saca la carta de ‘POS YO TENGO DRAGONES’ y se acaba el show.

Porque contra eso, ¿qué dices?

Aquí Daenerys con esa diplomacia suya que tanto me enamoró de ella ❤

En fin. Y estas son mis idas de olla mentales mientras me trago los spoilers de la serie. Que quiero que Daenerys consiga el Trono de Hierro, pero que deje a los norteños tranquilitos en su monarquía independiente. ¡Como los ingleses con Escocia, vaya!

Espero que, al menos, os hayáis reído un rato ❤

¡Besus!

Minientrada

The first time…

The first time he realized he was in love with her, there was a full moon in the sky.

The stars barely sparked, if they did it at all, in the dark tapestry over their heads. There was no wind. Crickets sang summer songs along with owls and other nocturnal birds, and the water of the lake was cold and quiet. The air was filled with the smells of the sand, dry below their feet, and wet on the shore, and also of the trees, of the grass surrounding them, of the sweat sliding down their bodies and with the fine scent of her long dark hair.

He looked at her in the same way he had done it for the past few months, with her body covered by small injuries, her mane picked up in a pigtail and her mouth drawing a severe line that was so unlike her usually bright smile. And her eyes… Her eyes were always on fire. Always shining. He was aware of his physical attraction to her. It started almost the moment he met her and her eyes, specially her eyes, had pursued him in his dreams, awake and asleep, since that day.

But that night, in contrast to her earnest face, her irises were smiling with all the passion in her soul. They were so bright and beautiful, as was everything in her, that his chest ached a lot at the first sight he recieved from her.

“It was inevitable”, he thought, amazed once more by the beauty in her, so conscious of himself. “I should have been prepared…”

But he wasn’t.

And now he didn’t know how to deal with it.


 

Editado tras las correcciones de mi querida amiga Megumi ❤ ¡Que no me acordé de mencionarla y eso no puede ser! ¡Gracias, peque! 🙂

Rutina

En realidad esta entrada no es para nada. No dice nada. No sirve para nada. No voy a expresar en ella ideas profundas, pensamientos arraigados o cualquier cosa que se me haya apetecido narrar o que haya recuperado del archivo de mi ordenador.

Lo hago para conseguir una rutina, porque me estoy dando cuenta de que últimamente estoy consiguiendo escribir con más asiduidad, no dejándolo de lado o abandonado. Quizás esto consiga que utilice el blog para algo, así como para ayudarme con mis propios escritos personales, mis novelas, el foro en el que roleo, etc. Incluso para desahogarme.

A veces creo que si dijese todo lo que pienso por aquí, se quedaría aislado en la nada.

¿Qué cosas, verdad?

Pues eso. Ya veis. Una entrada de blog que no dice absolutamente nada. También hay que tener habilidad para eso, ¿no creéis?

Que la tierra te sea leve

Hola, bisabuelo.
No te conozco, pero me duele el corazón de pensar en ti, porque no sé dónde estás. Me pregunto si alguna vez podré encontrarte y dejarte en un sitio digno donde descansar, y no donde te perdiste para no volver nunca.
El sabor a tierra es algo que no se va nunca de la garganta cuando imaginas una cara contra ella durante más de setenta años. ¿Debería dejar que se apoderasen de mí las lágrimas o la rabia? Ay… quién sabe. Ahora mismo me pesa demasiado el alma para permitir que algo más se adueñe de mi ser.
Quizás, y sólo quizás, si me susurras algo al oído mientras duermo, pueda seguir tu estela. Hasta el momento, lo único que puedo hacer es recordarme a mí misma que los caminos hablan y las pisadas de zapatos viejos impregnan la tierra. ¿Escapaste? ¿Corriste? ¿O te estrellaste contra los demás?
Bisabuelo, me dueles en el alma.
Ojalá pueda encontrarte.
Hasta entonces, que la tierra te sea leve.